Repercusiones II (La Verdad asesina)

11 May

Buscando encontré esta carta escrita por Dorys Aranda Palavecino y José Bruzzone. Se pide que el Director de La Verdad realmente reconozca la colaboración con la Dictadura pida “perdón que es, en definitiva, lo que están reclamando desde cada vez más vastos sectores del pueblo argentino”. Veremos si piden perdón…al menos, ya se declararon culpables de colaborar con la Dictadura Genocida.

Sr. Director
del Diario La Verdad de Junín:

Su editorial del pasado 30 de Abril se autocalifica como una “tapa histórica” mediante la que se pretende fijar la posición del diario respecto al rol de los medios de comunicación durante la última dictadura. Por diversos motivos consideramos que el calificativo es acertado, aunque es necesario que previamente señalemos algunos puntos esenciales con los que estamos en desacuerdo.

Comienza Ud. su nota denunciando la “persecución a gran escala” de la que supuestamente hoy son objeto los periodistas. Da por sentado luego, suspicaz, que eso no sería posible sin un “guiño generoso por parte del gobierno nacional”. Nos sobran los argumentos para demostrar que tal estado de cosas no existe y que más bien se trata de un nuevo capítulo en la campaña de desprestigio hacia dicho gobierno. Pero creemos que nos expresan muchísimo mejor las líneas que bajo el título “Ataques a la prensa” publica su propio diario en la revista semanal del 18 de Abril, señalando que lo que se sindica como ataques son en realidad críticas, pero que es ese intercambio semántico lo que les permite victimizarse para eludir el debate en torno del rol de la prensa en una sociedad plural y compleja.

Continúa Ud. diciendo que “se intenta crear en la sociedad un clima anti periodístico” y que “se ataca a las personas pero se persigue a la profesión”. No aporta al respecto un solo hecho que lo pruebe y eso por la sencilla razón de que no existen. El mismo artículo antes citado nos dice que “al publicar que es la prensa la que está siendo atacada, esos diarios escamotean su identidad y solapan sus propios intereses bajo rótulos institucionales”. Es así que poniendo a todos los periodistas como los agredidos logran un escudo que mejor legitima sus posiciones, como una línea de peones puestas en la defensa de las piezas grandes (en el caso de La Verdad se trataría de alfiles pues en el ajedrez el alfil representa al obispo).

También se denuncia en su tapa las intimidaciones que sufre el periodismo mediante actos como el Juicio ético a los periodistas que colaboraron con la dictadura, una de cuyas promotoras fue Hebe de Bonafini. Resulta fastidioso (por obvio) tener que responder que no se trata de intimidación alguna, que tal tribunal es puramente simbólico, y que es una de las formas que encuentran aquellos que se sienten agraviados por la conducta seguida por los grandes medios de comunicación en los últimos tiempos. Ud. advierte sobre la violencia pero ¿Cómo cree que nos sentimos nosotros al leer que se refiere a intelectuales a los que uno admira en términos como “escribas a sueldo dispuestos a rifar el país por monedas”? ¿No cree que esa violencia verbal puede generar luego respuestas violentas? El “linchamiento” simbólico del que se acusó a Bonafini es algo que se ejerce todos los día desde las tapas de los grandes diarios sin que merezca una sola consideración de parte suya.

Finalmente, nos permitimos señalar la incongruencia que significa reclamar la vigencia irrestricta de la libertad de expresión al mismo tiempo que se pide al gobierno nacional que silencie a quienes critican a los medios opositores. Esto demuestra de qué se está hablando en realidad cuando se habla de libertad de expresión: se rata de la de Uds. y no de la de todos.

Pero aún en desacuerdo con todo lo antedicho coincidimos en que su editorial se trata de una tapa histórica. Al relatar la forma en que los militares condicionaron el trabajo del Diario La Verdad y de Radio Junín Ud. introduce algunas reflexiones muy valiosas sobre el análisis de las conductas del periodismo en esos años. Su intención (“no queremos contar lo que pasó para demostrar la inocencia del diario… o decir que callamos porque nos obligaron a punta de fusil”), es periodísticamente loable; pero el resultado se queda a mitad de camino. Todo lo que sigue a la proclamada intención es el reconocimiento de que lo que hicieron estuvo mal, pero que no les quedó otra, dadas las circunstancias. Lo histórico de esta tapa, a nuestro entender, está dado porque por primera vez desde un editorial se reconoce que hay un pasado éticamente cuestionable y esto, aún cuando se lo autojustifique, puede ser (debería ser) el inicio de un camino que termine con una abierta autocrítica y el correspondiente pedido de perdón que es, en definitiva, lo que están reclamando desde cada vez más vastos sectores del pueblo argentino.

Dorys Aranda Palavecino ————– José Bruzzone

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2 comentarios to “Repercusiones II (La Verdad asesina)”

  1. Fernanda 05/12/2010 a 04:06 #

    Muy buena nota, aunque un poco light…hay que ser duros con los complices!!!!

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  1. Repercusiones II (La Verdad asesina) - 05/12/2010

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