Patético: Diario de la Iglesia admitió haber colaborado con la Dictadura

8 May

Tapa La Verdad, 30 de abril

Si, esa tapa es real, no es photoshop. Luego de hacer esa “invitación” a leer el diario, La Verdad de Junín, del arzobispado Luján Mercedes, asintió “no haber sido patriótico” ni un “ejemplo” durante la dictadura y haber consentido escribir lo que decían los militares. En resumen, que el diario colaboró con la Dictadura.

Pero eso no es todo: comparó al actual gobierno con la dictadura (¿!), dijo que los “escraches” a los periodistas eran similares a la presión que ejercían los militares sobre los periodistas y que los periodistas ahora son “objeto de una persecución a gran escala.”

Ahora bien, un par de cuestiones:

– Como dije antes, el diario La Verdad es propiedad de la Iglesia. Fue siempre un diario conservador y apoyó abiertamente todos los golpes de Estado, incluyendo el de 1976. Fue claramente colaboracionista. Durante la época de la dictadura, manejaba el diario Canceliere, que escribió numerosas editoriales defendiendo a los militares. Los editoriales están publicados en  el libro “El Orden de las Tumbas”, de Héctor Pellizzi.

– Más aún, este diario patético continúa empleando a Ricardo Trigo, que fue buchón de los militares del Batallón 601 (comunicado del MAS, http://www.mas.org.ar/periodicos_2010/per_171_al_180/per_174/100415_per_174.pdf).

–  Esta admisión es patética porque no piden perdón y hacen de cuenta que no pasó nada…Dicen básicamente: “había mucha presión, por eso escribíamos lo que nos decían”… ¿Eso es aceptable? ¿Para eso son periodistas? ¿Es acaso un periodista aquel que se deja intimidar por los militares y escribe lo que le dicen? ¿O no es más que un cobarde que no lucha por lo que cree?

– Más aún, ¿puede seguir existiendo un diario cobarde y colaboracionista? ¿Por qué sigue apareciendo un diario como La Verdad que, cuando hubo que luchar por la libertad, miró para el costado y fue amigo de los genocidas?

¿Por qué la Iglesia sigue “bancando” a un diario que colaboró con la dictadura? Una vez más grito: ¡Basta de Iglesia cómplice!

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A continuación, la nota completa del viernes 30/4/10…la bajaron de Internet los muy cagones:

Los dueños de LA VERDAD

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Ningún monopolio tiene el poder del estado. Es cierto que Clarín y los grandes grupos económicos se mueven de acuerdo a sus intereses (es algo que no se puede negar). Sin embargo, la capacidad destructiva de un gobierno no tiene ni punto de comparación. También constructiva, claro. Pero cuando el poderío estatal apunta sus cañones contra un sector determinado, las consecuencias son devastadoras y terminales. Por primera vez desde la recuperación de la democracia, los periodistas son objeto de una persecución a gran escala. Si bien es cierto que el gremio la pasó mal durante los noventa, se trataba de peleas “cuerpo a cuerpo”; guerras privadas que quedaban fuera de la mirada pública. La excepción que confirma la regla es el asesinato de Cabezas, obvio. Pero por lo demás, nadie inició una “Guerra Santa” contra buena parte del sector. Hoy por hoy, lo asombroso es que se intenta crear en la sociedad un clima antiperiodístico. Se ataca a las personas pero se persigue a la profesión. Y semejante objetivo no podría lograrse sin, al menos, un guiño generoso por parte del gobierno nacional. De hecho, el canal oficial y los medios que el estado sustenta con publicidad, son propulsores activos de esta campaña. Dado que ya no hay Santos en la tierra, es probable que algunos de los periodistas que aparecen en esos panfletos con billetes que les cubren la boca, merezcan algún tipo de reprimenda (no esa, decididamente). Claro que si uno mira lo que hay “del otro lado”; es decir, el ejército de periodistas que defiende a toda costa a los habitantes de la Casa Rosada, lo que encuentra es muchísimo peor; escribas a sueldo dispuestos a rifar el país por monedas. Muy agresivos por cierto. Ahora bien, ¿qué hacer? Por un lado, ponerse en víctima resulta vergonzante. ¿Cómo lo tomará el lector? Por otro, tampoco es cuestión de obviar lo que está pasando. Para quienes tienen menos de cuarenta, que Hebe de Bonafini juzgue a periodistas en una plaza pública puede resultar interesante, incluso anecdótico; nota de color sin mayores consecuencias. Quienes superamos esa edad no podemos más que preocuparnos viendo que desde el Gobierno no se escucha ninguna voz en contra y que inclusive algunas justifican esa clase de intimidación. El “linchamiento” podría estar más cerca de lo que pensamos. Jugar con fuego tiene sus riesgos.

El periodismo de los setenta

Frente a esto, decidimos fijar posición haciendo una tapa histórica. ¿Qué pasó realmente durante la dictadura? ¿Cómo era hacer periodismo en plena década del setenta? Aunque hace años que vivimos inmersos en el pasado, la mayoría de los medios del país tratan de ocultar lo que ocurrió en aquella época. Lo hacen por interés, temor o vergüenza. Temen que se los acuse de “colaboracionistas” y esconden la historia “chica” en esa otra historia “grande” de la que se habla todos los días. Demasiado, si me permiten una opinión personal. Aclaro algo: la de LA VERDAD (como ocurrió en casi todo el periodismo argentino) no es un cuento de héroes ni patriotas que lucharon denodadamente por la libertad de expresión (de ser así, probablemente, estarían muertos). De hecho, si dependiéramos de los héroes para que nos cuenten la verdad, muy poco se sabría de lo que pasa en el país. Lo que abunda (y lo que debe abundar) es gente común que trabaje en condiciones normales. Nada más. Tampoco queremos contar lo que pasó para demostrar la inocencia del diario (de alguna manera todos tuvieron algún grado de culpa) o decir que callamos porque nos obligaron a punta de fusil. No fue así. La realidad es infinitamente más compleja y confusa que eso. Sólo buscamos narrar, con sinceridad, qué pasó en esos tiempos revueltos que aún no logramos superar. Quizá no cambie el mundo, pero mostrar lo que otros se empeñan en negar puede ayudar. En una de esas, si los jóvenes conocen la verdad, evitan repetir la historia. Porque en ese sentido van los tribunales populares y el ataque al periodismo que algunos minimizan. Si bien parecen diseñados para cerrar una etapa, pueden terminar abriéndola de nuevo. Sé que muchos van a decir que no somos ejemplo de nada. Lo único que tenemos para decir en ese caso es que es verdad. La sociedad no está llena de ejemplos, sólo de personas que, con errores y defectos, hacen lo mejor que pueden. Si miramos bien al mundo que nos rodea, con eso basta y sobra. Pongan a gente común a trabajar en condiciones normales y lo demás vendrá solo; manía argentina de confiar en los superhéroes, que según se ve no nos conduce a ningún lado. Nos sobran monumentos y nos falta una vida cotidiana siquiera aceptable.

Diario tomado

Marzo del 76: Como ocurrió con la mayoría de los medios aunque lo nieguen o escondan por efecto de la vergüenza, un pelotón del Ejército, armado hasta los dientes y con cara de pocos amigos, tomó el diario y la radio, por entonces la única en Junín. Claro que lo importante no es eso, sino cuánto tiempo se quedaron. Porque un par de días los soporta cualquiera, más de eso ya es convivencia ¿Se animan a adivinar? Nada más y nada menos que la friolera de dos años. Es decir, no se trató de una visita temporal hasta que se calmaran las aguas del golpe, sino de una verdadera “toma” de las instalaciones. Los militares convivían con los periodistas y, en el caso de la radio, directamente se quedaban a dormir. Había un control directo de lo que se decía o escribía y la presión de convivir durante tanto tiempo con gente armada y militarizada, caló hondo en la cabeza y el corazón de todos los integrantes del diario y de la radio. Por más de 24 meses LA VERDAD estuvo en poder de la dictadura militar. No escribían ni hablaban con sus propias manos o bocas: sólo miraban y con eso bastaba. Quizá si hubieran dictado directamente los textos hubiese sido mejor. La mirada intimidante que controla daña más y confunde todo. Después, lentamente, los controles se fueron relajando o al menos eso parecía. Igual que en los secuestros, es probable que operara el Síndrome de Estocolmo. ¿Se imaginan el impacto de trabajar así? ¿Sobrevivirá un mínimo de objetividad? Difícil. Los jóvenes no pueden darse una idea de lo que significa ese “medioambiente laboral”.

No se trata de una metáfora

Cuando se dice que no había libertad es en serio, no se trata de una metáfora. Y pasó hace apenas treinta años, no hace trescientos. A las dificultades de esos tiempos en los que algunos sabían bien lo que pasaba (aunque no tenemos pruebas concretas siempre se sospechó de nombres que trabajaron en ambas empresas) y otros ni siquiera lo imaginaban, se sumaba el desquicio de trabajar “adentro” de una milicia organizada y con objetivos claros.

Los pocos sobrevivientes de esos tiempos lo cuentan con una mezcla de vergüenza, incomodidad y temor a ser señalados con el dedo. Porque hoy, después de tres décadas, todos somos héroes que juzgamos a los que les tocó esa época, pero había que estar ahí.

“Los milicos iban y venían. Nunca te saltaban encima. Si pasaba algo te venían a buscar después, en grupo”. Dos hechos concretos desnudan la intrincada cotidianeidad de entonces. Primero: Por tratarse de una ciudad relativamente chica en los setenta, la información corría más rápido que en otros lados. Las razones podían permanecer ocultas, los hechos concretos, no. Uno de los informativistas de la radio (leían las últimas noticias) se enteró de un operativo en una casa particular en la que se sospechaba se ocultaba un “guerrillero”. Sin dudarlo, dio la noticia al aire con la urgencia del periodista que tiene la primicia. Una hora después vinieron a buscarlo (era el conductor de un programa de automovilismo de la misma emisora que en ese momento estaba en su rol de policía), lo llevaron a cuartel militar y lo interrogaron sin torturarlo (al menos físicamente). “Usted sabe que lo que hizo atenta contra los intereses y la seguridad de la Nación”, le dijo un coronel mirándolo fijamente. El informativista, que por ese entonces no tenía más de dieciocho años, contesto “no”, temblando de miedo (no tenía ni idea de que lo que había hecho era algo “peligroso”). El coronel empuñó la lapicera como si fuera un cuchillo, se le acercó y en tono amenazante le dijo: “¿Sabe qué es esto? Esto es un arma. Y yo lo podría matar ahora mismo”; imposible imaginar mejor metáfora de lo que la prensa significaba para el gobierno militar.

El “Capitán Luna” era un canillita

Segundo: El “Capitán Luna” (apodo de “guerra”) era un canillita muy querido en la zona. Dado que se escapó durante un interrogatorio en el que lo estaban torturando, el Ejército mandó al diario un comunicado (como lo hacía siempre y con la obligación ineludible de publicarlo textualmente) donde alertaba a la población sobre su peligrosidad del prófugo y, como siempre ocurría, la instaba a dar información sobre su paradero.

El jefe de redacción de entonces, ya fallecido, quien conocía al perseguido capitán, le añadió al comunicado militar un texto que le costó carísimo (fue detenido). El agregado decía así: “Causó sorpresa en la comunidad la detención del Capitán Luna, muchacho vivaracho e inquieto y buen padre de familia…” Puede parecer un acto revolucionario pero no lo era; simplemente se trataba de un gesto afectivo e inocente de alguien que, en el contexto de esos tiempos irracionales, se convirtió en una bomba de tiempo por nada. Tales “complicaciones” se presentaban a diario y hasta dejaron de molestar. Al día siguiente un grupo de militares se llevó al jefe de redacción ante la mirada del resto de los periodistas, quienes pensaron que no volvería a verlo jamás.

En la mira

Entre los militares que, fusil en mano, custodiaban el interior del diario y sus compañeros que directamente dormían en la radio, LA VERDAD se convirtió en algo así como un “Gran Hermano” militarizado en el que cada movimiento era observado y comunicado a un superior. No era que venían cada tanto o reaccionaban frente a la publicación de una noticia en particular, directamente vivían en el diario. Con casi cien años de historia, LA VERDAD pasó por muchas dictaduras. Sin embargo, sólo en esta se produjo un copamiento total y prolongado en el tiempo.

Justicia, instituciones que funcionen; lo último que necesitamos son tribunales populares o escraches.

Muchos de los que vivieron esa época ni fueron masacrados ni padecieron torturas; simplemente se transformaron en esclavos de un Estado que usó todo su poder.

Lo que queda claro es que no son victimarios. Como dijimos más arriba, ni son héroes dignos de imitar ni merecen un monumento. Igual que vos, que yo y que casi todas las personas que conocemos; gente común que no resistió aquel poder tremendo.

Hoy el Gobierno debería llamar a la mesura y gritar “basta”. Es mucho lo que está en juego y muy bajo lo que se puede caer. Ya pasó. Puede volver a pasar. Porque con o sin fusil, se puede llegar a sentir que se escribe con los ojos del todopoderoso gobierno pegados en la nuca.

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Una respuesta to “Patético: Diario de la Iglesia admitió haber colaborado con la Dictadura”

  1. VICTOR VAZQUEZ 05/18/2010 a 14:34 #

    lES QUIERO DECIR QUE NO SE HAGAN LAS VÌCTIMAS, UDS. SABÌAN PARA QUIENES TRABAJABAN.ESE GOLPE MACABRO FUE PERPETRADO POR LOS MILITARES, CIVILES Y LA IGLESIA CATOLICA Y POR SUPUESTO CON LA ORDEN SUPREMA DE ESTADOS UNIDOS DE NORTE AMERICA.a MUCHOS PERIODISTAS DE VERDAD LES COSTÒ LA VIDA Y HOY UDS. DEFIENDEN AL GRUPO CLARIN QUE APOYÒ A ESOS ASESINOS, QUE HEREDO EN UNA MESA DE TORTURAS PAPEL PRENSA Y SU DUEÑA SE APROPIÒ DE 2 HIJOS DE DESAPARECIDOS.nO VALE LA PENA PERDER EL TIEMPO CON PILTRAFAS HUMANAS COMO UDS. QUE PERSIGUEN FINES MUY PRESISOS, QUE ES ESPERAR LAS NUEVAS ELECCIONES PENSANDO EN QUE EL QUE GANE LES AYUDARÀ A DICTAR UNA NUEVA LEY DE PUNTO FINAL QUE LIBERE A SUS PATRONES.

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