Repercusiones III

12 May

Hubo varias críticas a la patética nota de La Verdad con la tapa de Videla. En esta oportunidad, reproducimos la carta de Alberto Ravara, quien acertadamente se pregunta por la responsilidad que les cabe a La Verdad por no haber actuado conforme a su deber periodístico…

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Este hombre (Bello) con responsabilidades en La Verdad asombraría al mas pintado, si no conocieramos lo caraduras que pueden ser algunos perros falderos de la Oligarquía.

Lamento no estar en Argentina para ayudar modestamente en esa lucha que Uds. siguen dando. 

Veo a simple vista que hay que preguntarle : ¿Quienes fueron con nombre y apellido los militares que tomaron “La Verdad” y LT20 durante dos años?. 2) ¿Había personal civil ? 3) ¿Quienes fueron (nombre y apellido) los empleados de los medios que colaboraron con los esbirros de la dictadura fascista?. 4) ¿Quienes de La Verdad y LT20 “padecieron” el síndrome de Estocolmo mas marcadamente? 5) ¿Porque esperaron 34 años para hacer pública esta situación? 6) ¿ Sabe este periodista que no informar veraz y oportunamente es un acto repudiado por el código de ética y honor en los gremios periodísticos del mundo y un delito sancionado por la ley en muchos paises de los llamados civilizados? 

Ese periódico y esa radio con su “silencio” o su discurso “esclavizado” oculto la verdad, la tergiversó y perjudico moral y materialmente a la sociedad y a muchas personas en particular, entre las que me incluyo. El miedo no es justificación de mala praxis. La responsabilidad social y política cuando depende de ella la vida de las personas debe ser asumida por los profesionales. De no ser así, al difamar se transforma en delito penal y en perjuicio para la comunidad que espera ser usuaria de medios responsables.

Las preguntas que le hago al comienzo al periodista, de responderlas, servirían 1) Como evidencia y material de investigación en tribunales en los distintos casos. 2) El periodista estaría dando una señal de sinceridad a la sociedad y a los perjudicados, al tiempo que le haría bien a su conciencia y honor, que hoy lo vemos comprometido. De hacerlo, las nuevas generaciones y sus propios hijos tendrían un buen ejemplo para reconstruir sociedad.

Alberto Ravara
Director General
IIAVE

Repercusiones II (La Verdad asesina)

11 May

Buscando encontré esta carta escrita por Dorys Aranda Palavecino y José Bruzzone. Se pide que el Director de La Verdad realmente reconozca la colaboración con la Dictadura pida “perdón que es, en definitiva, lo que están reclamando desde cada vez más vastos sectores del pueblo argentino”. Veremos si piden perdón…al menos, ya se declararon culpables de colaborar con la Dictadura Genocida.

Sr. Director
del Diario La Verdad de Junín:

Su editorial del pasado 30 de Abril se autocalifica como una “tapa histórica” mediante la que se pretende fijar la posición del diario respecto al rol de los medios de comunicación durante la última dictadura. Por diversos motivos consideramos que el calificativo es acertado, aunque es necesario que previamente señalemos algunos puntos esenciales con los que estamos en desacuerdo.

Comienza Ud. su nota denunciando la “persecución a gran escala” de la que supuestamente hoy son objeto los periodistas. Da por sentado luego, suspicaz, que eso no sería posible sin un “guiño generoso por parte del gobierno nacional”. Nos sobran los argumentos para demostrar que tal estado de cosas no existe y que más bien se trata de un nuevo capítulo en la campaña de desprestigio hacia dicho gobierno. Pero creemos que nos expresan muchísimo mejor las líneas que bajo el título “Ataques a la prensa” publica su propio diario en la revista semanal del 18 de Abril, señalando que lo que se sindica como ataques son en realidad críticas, pero que es ese intercambio semántico lo que les permite victimizarse para eludir el debate en torno del rol de la prensa en una sociedad plural y compleja.

Continúa Ud. diciendo que “se intenta crear en la sociedad un clima anti periodístico” y que “se ataca a las personas pero se persigue a la profesión”. No aporta al respecto un solo hecho que lo pruebe y eso por la sencilla razón de que no existen. El mismo artículo antes citado nos dice que “al publicar que es la prensa la que está siendo atacada, esos diarios escamotean su identidad y solapan sus propios intereses bajo rótulos institucionales”. Es así que poniendo a todos los periodistas como los agredidos logran un escudo que mejor legitima sus posiciones, como una línea de peones puestas en la defensa de las piezas grandes (en el caso de La Verdad se trataría de alfiles pues en el ajedrez el alfil representa al obispo).

También se denuncia en su tapa las intimidaciones que sufre el periodismo mediante actos como el Juicio ético a los periodistas que colaboraron con la dictadura, una de cuyas promotoras fue Hebe de Bonafini. Resulta fastidioso (por obvio) tener que responder que no se trata de intimidación alguna, que tal tribunal es puramente simbólico, y que es una de las formas que encuentran aquellos que se sienten agraviados por la conducta seguida por los grandes medios de comunicación en los últimos tiempos. Ud. advierte sobre la violencia pero ¿Cómo cree que nos sentimos nosotros al leer que se refiere a intelectuales a los que uno admira en términos como “escribas a sueldo dispuestos a rifar el país por monedas”? ¿No cree que esa violencia verbal puede generar luego respuestas violentas? El “linchamiento” simbólico del que se acusó a Bonafini es algo que se ejerce todos los día desde las tapas de los grandes diarios sin que merezca una sola consideración de parte suya.

Finalmente, nos permitimos señalar la incongruencia que significa reclamar la vigencia irrestricta de la libertad de expresión al mismo tiempo que se pide al gobierno nacional que silencie a quienes critican a los medios opositores. Esto demuestra de qué se está hablando en realidad cuando se habla de libertad de expresión: se rata de la de Uds. y no de la de todos.

Pero aún en desacuerdo con todo lo antedicho coincidimos en que su editorial se trata de una tapa histórica. Al relatar la forma en que los militares condicionaron el trabajo del Diario La Verdad y de Radio Junín Ud. introduce algunas reflexiones muy valiosas sobre el análisis de las conductas del periodismo en esos años. Su intención (“no queremos contar lo que pasó para demostrar la inocencia del diario… o decir que callamos porque nos obligaron a punta de fusil”), es periodísticamente loable; pero el resultado se queda a mitad de camino. Todo lo que sigue a la proclamada intención es el reconocimiento de que lo que hicieron estuvo mal, pero que no les quedó otra, dadas las circunstancias. Lo histórico de esta tapa, a nuestro entender, está dado porque por primera vez desde un editorial se reconoce que hay un pasado éticamente cuestionable y esto, aún cuando se lo autojustifique, puede ser (debería ser) el inicio de un camino que termine con una abierta autocrítica y el correspondiente pedido de perdón que es, en definitiva, lo que están reclamando desde cada vez más vastos sectores del pueblo argentino.

Dorys Aranda Palavecino ————– José Bruzzone

Barone también critica a La Verdad

10 May

Orlando Barone visitó la ciudad de Vedia y no dejó pasar la oportunidad de referirse en duros terminos a la nota de La Verdad y su vergonzosa tapa…

El semanario La Nueva Voz de Vedia (http://semanariolanuevavozvedia.blogspot.com/) dio cuenta de la situación de la siguiente manera:

DIARIO LA VERDAD

En relación a la tapa del diario La Verdad, de Junín, correspondiente al viernes ultimo, como así también sobre la editorial que firma el director, Omar Bello, Osvaldo Barone dijo que lo llenaba de “estupor”, “es impresionante”, (sic) “es un cuasi delito porque es como una apología de algo que juzgó la sociedad, la Corte Suprema; ¡es impresionante!… y a mi me pone contento esta libertad que hay. Es fantástico. Es fantástica la libertad que hay. Por eso es que sorprende aquellos que dicen que no hay libertad. Fíjense en el texto (de la editorial) que no tuve tiempo de leerlo todo, hay una frase que pinta una parte de esa oposición mediática y en la que estoy involucrado yo, de algún modo. Dice el texto: ‘el ejército de periodistas (nótese que usa la palabra ejército) que defienden a toda costa los habitantes de la Casa Rosada lo que encuentra es muchísimo peor, escribas a sueldo dispuestos a rifar el país por monedas, y muy agresivos por cierto’. Después, el periodista se pone a desentrañar como contrarrestar ese poder dictatorial del Estado, totalitario… es curioso con la ilustración de la foto de Videla. Es una desproporción moral. ¿Cómo la sociedad absuelve esto? Porque una cosa es la libertad… yo diría la libertad de hasta poner una foto de Cristina con una cola de caballo y decirle ‘la yegua’. Fíjense que gobierno o qué situación del Estado que hoy no hay más ‘delito de desacato’, de ‘injuria’, de ‘infundio’. Qué quiere decir: que si yo en estos momentos que el intendente de esta localidad con el que estuve almorzando, es no se qué, y digo un insulto, o digo que es un corrupto, o que es un delincuente, no existe ninguna forma en que él me pueda hacer un juicio. Fíjense qué libertad que hay. ¿Por qué dicen que no hay libertad? No entiendo. ¿Y por qué la sociedad, en conjunto, no se da cuenta de esto?”.-

Patético: Diario de la Iglesia admitió haber colaborado con la Dictadura

8 May

Tapa La Verdad, 30 de abril

Si, esa tapa es real, no es photoshop. Luego de hacer esa “invitación” a leer el diario, La Verdad de Junín, del arzobispado Luján Mercedes, asintió “no haber sido patriótico” ni un “ejemplo” durante la dictadura y haber consentido escribir lo que decían los militares. En resumen, que el diario colaboró con la Dictadura.

Pero eso no es todo: comparó al actual gobierno con la dictadura (¿!), dijo que los “escraches” a los periodistas eran similares a la presión que ejercían los militares sobre los periodistas y que los periodistas ahora son “objeto de una persecución a gran escala.”

Ahora bien, un par de cuestiones:

– Como dije antes, el diario La Verdad es propiedad de la Iglesia. Fue siempre un diario conservador y apoyó abiertamente todos los golpes de Estado, incluyendo el de 1976. Fue claramente colaboracionista. Durante la época de la dictadura, manejaba el diario Canceliere, que escribió numerosas editoriales defendiendo a los militares. Los editoriales están publicados en  el libro “El Orden de las Tumbas”, de Héctor Pellizzi.

– Más aún, este diario patético continúa empleando a Ricardo Trigo, que fue buchón de los militares del Batallón 601 (comunicado del MAS, http://www.mas.org.ar/periodicos_2010/per_171_al_180/per_174/100415_per_174.pdf).

–  Esta admisión es patética porque no piden perdón y hacen de cuenta que no pasó nada…Dicen básicamente: “había mucha presión, por eso escribíamos lo que nos decían”… ¿Eso es aceptable? ¿Para eso son periodistas? ¿Es acaso un periodista aquel que se deja intimidar por los militares y escribe lo que le dicen? ¿O no es más que un cobarde que no lucha por lo que cree?

– Más aún, ¿puede seguir existiendo un diario cobarde y colaboracionista? ¿Por qué sigue apareciendo un diario como La Verdad que, cuando hubo que luchar por la libertad, miró para el costado y fue amigo de los genocidas?

¿Por qué la Iglesia sigue “bancando” a un diario que colaboró con la dictadura? Una vez más grito: ¡Basta de Iglesia cómplice!

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A continuación, la nota completa del viernes 30/4/10…la bajaron de Internet los muy cagones:

Los dueños de LA VERDAD

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Ningún monopolio tiene el poder del estado. Es cierto que Clarín y los grandes grupos económicos se mueven de acuerdo a sus intereses (es algo que no se puede negar). Sin embargo, la capacidad destructiva de un gobierno no tiene ni punto de comparación. También constructiva, claro. Pero cuando el poderío estatal apunta sus cañones contra un sector determinado, las consecuencias son devastadoras y terminales. Por primera vez desde la recuperación de la democracia, los periodistas son objeto de una persecución a gran escala. Si bien es cierto que el gremio la pasó mal durante los noventa, se trataba de peleas “cuerpo a cuerpo”; guerras privadas que quedaban fuera de la mirada pública. La excepción que confirma la regla es el asesinato de Cabezas, obvio. Pero por lo demás, nadie inició una “Guerra Santa” contra buena parte del sector. Hoy por hoy, lo asombroso es que se intenta crear en la sociedad un clima antiperiodístico. Se ataca a las personas pero se persigue a la profesión. Y semejante objetivo no podría lograrse sin, al menos, un guiño generoso por parte del gobierno nacional. De hecho, el canal oficial y los medios que el estado sustenta con publicidad, son propulsores activos de esta campaña. Dado que ya no hay Santos en la tierra, es probable que algunos de los periodistas que aparecen en esos panfletos con billetes que les cubren la boca, merezcan algún tipo de reprimenda (no esa, decididamente). Claro que si uno mira lo que hay “del otro lado”; es decir, el ejército de periodistas que defiende a toda costa a los habitantes de la Casa Rosada, lo que encuentra es muchísimo peor; escribas a sueldo dispuestos a rifar el país por monedas. Muy agresivos por cierto. Ahora bien, ¿qué hacer? Por un lado, ponerse en víctima resulta vergonzante. ¿Cómo lo tomará el lector? Por otro, tampoco es cuestión de obviar lo que está pasando. Para quienes tienen menos de cuarenta, que Hebe de Bonafini juzgue a periodistas en una plaza pública puede resultar interesante, incluso anecdótico; nota de color sin mayores consecuencias. Quienes superamos esa edad no podemos más que preocuparnos viendo que desde el Gobierno no se escucha ninguna voz en contra y que inclusive algunas justifican esa clase de intimidación. El “linchamiento” podría estar más cerca de lo que pensamos. Jugar con fuego tiene sus riesgos.

El periodismo de los setenta

Frente a esto, decidimos fijar posición haciendo una tapa histórica. ¿Qué pasó realmente durante la dictadura? ¿Cómo era hacer periodismo en plena década del setenta? Aunque hace años que vivimos inmersos en el pasado, la mayoría de los medios del país tratan de ocultar lo que ocurrió en aquella época. Lo hacen por interés, temor o vergüenza. Temen que se los acuse de “colaboracionistas” y esconden la historia “chica” en esa otra historia “grande” de la que se habla todos los días. Demasiado, si me permiten una opinión personal. Aclaro algo: la de LA VERDAD (como ocurrió en casi todo el periodismo argentino) no es un cuento de héroes ni patriotas que lucharon denodadamente por la libertad de expresión (de ser así, probablemente, estarían muertos). De hecho, si dependiéramos de los héroes para que nos cuenten la verdad, muy poco se sabría de lo que pasa en el país. Lo que abunda (y lo que debe abundar) es gente común que trabaje en condiciones normales. Nada más. Tampoco queremos contar lo que pasó para demostrar la inocencia del diario (de alguna manera todos tuvieron algún grado de culpa) o decir que callamos porque nos obligaron a punta de fusil. No fue así. La realidad es infinitamente más compleja y confusa que eso. Sólo buscamos narrar, con sinceridad, qué pasó en esos tiempos revueltos que aún no logramos superar. Quizá no cambie el mundo, pero mostrar lo que otros se empeñan en negar puede ayudar. En una de esas, si los jóvenes conocen la verdad, evitan repetir la historia. Porque en ese sentido van los tribunales populares y el ataque al periodismo que algunos minimizan. Si bien parecen diseñados para cerrar una etapa, pueden terminar abriéndola de nuevo. Sé que muchos van a decir que no somos ejemplo de nada. Lo único que tenemos para decir en ese caso es que es verdad. La sociedad no está llena de ejemplos, sólo de personas que, con errores y defectos, hacen lo mejor que pueden. Si miramos bien al mundo que nos rodea, con eso basta y sobra. Pongan a gente común a trabajar en condiciones normales y lo demás vendrá solo; manía argentina de confiar en los superhéroes, que según se ve no nos conduce a ningún lado. Nos sobran monumentos y nos falta una vida cotidiana siquiera aceptable.

Diario tomado

Marzo del 76: Como ocurrió con la mayoría de los medios aunque lo nieguen o escondan por efecto de la vergüenza, un pelotón del Ejército, armado hasta los dientes y con cara de pocos amigos, tomó el diario y la radio, por entonces la única en Junín. Claro que lo importante no es eso, sino cuánto tiempo se quedaron. Porque un par de días los soporta cualquiera, más de eso ya es convivencia ¿Se animan a adivinar? Nada más y nada menos que la friolera de dos años. Es decir, no se trató de una visita temporal hasta que se calmaran las aguas del golpe, sino de una verdadera “toma” de las instalaciones. Los militares convivían con los periodistas y, en el caso de la radio, directamente se quedaban a dormir. Había un control directo de lo que se decía o escribía y la presión de convivir durante tanto tiempo con gente armada y militarizada, caló hondo en la cabeza y el corazón de todos los integrantes del diario y de la radio. Por más de 24 meses LA VERDAD estuvo en poder de la dictadura militar. No escribían ni hablaban con sus propias manos o bocas: sólo miraban y con eso bastaba. Quizá si hubieran dictado directamente los textos hubiese sido mejor. La mirada intimidante que controla daña más y confunde todo. Después, lentamente, los controles se fueron relajando o al menos eso parecía. Igual que en los secuestros, es probable que operara el Síndrome de Estocolmo. ¿Se imaginan el impacto de trabajar así? ¿Sobrevivirá un mínimo de objetividad? Difícil. Los jóvenes no pueden darse una idea de lo que significa ese “medioambiente laboral”.

No se trata de una metáfora

Cuando se dice que no había libertad es en serio, no se trata de una metáfora. Y pasó hace apenas treinta años, no hace trescientos. A las dificultades de esos tiempos en los que algunos sabían bien lo que pasaba (aunque no tenemos pruebas concretas siempre se sospechó de nombres que trabajaron en ambas empresas) y otros ni siquiera lo imaginaban, se sumaba el desquicio de trabajar “adentro” de una milicia organizada y con objetivos claros.

Los pocos sobrevivientes de esos tiempos lo cuentan con una mezcla de vergüenza, incomodidad y temor a ser señalados con el dedo. Porque hoy, después de tres décadas, todos somos héroes que juzgamos a los que les tocó esa época, pero había que estar ahí.

“Los milicos iban y venían. Nunca te saltaban encima. Si pasaba algo te venían a buscar después, en grupo”. Dos hechos concretos desnudan la intrincada cotidianeidad de entonces. Primero: Por tratarse de una ciudad relativamente chica en los setenta, la información corría más rápido que en otros lados. Las razones podían permanecer ocultas, los hechos concretos, no. Uno de los informativistas de la radio (leían las últimas noticias) se enteró de un operativo en una casa particular en la que se sospechaba se ocultaba un “guerrillero”. Sin dudarlo, dio la noticia al aire con la urgencia del periodista que tiene la primicia. Una hora después vinieron a buscarlo (era el conductor de un programa de automovilismo de la misma emisora que en ese momento estaba en su rol de policía), lo llevaron a cuartel militar y lo interrogaron sin torturarlo (al menos físicamente). “Usted sabe que lo que hizo atenta contra los intereses y la seguridad de la Nación”, le dijo un coronel mirándolo fijamente. El informativista, que por ese entonces no tenía más de dieciocho años, contesto “no”, temblando de miedo (no tenía ni idea de que lo que había hecho era algo “peligroso”). El coronel empuñó la lapicera como si fuera un cuchillo, se le acercó y en tono amenazante le dijo: “¿Sabe qué es esto? Esto es un arma. Y yo lo podría matar ahora mismo”; imposible imaginar mejor metáfora de lo que la prensa significaba para el gobierno militar.

El “Capitán Luna” era un canillita

Segundo: El “Capitán Luna” (apodo de “guerra”) era un canillita muy querido en la zona. Dado que se escapó durante un interrogatorio en el que lo estaban torturando, el Ejército mandó al diario un comunicado (como lo hacía siempre y con la obligación ineludible de publicarlo textualmente) donde alertaba a la población sobre su peligrosidad del prófugo y, como siempre ocurría, la instaba a dar información sobre su paradero.

El jefe de redacción de entonces, ya fallecido, quien conocía al perseguido capitán, le añadió al comunicado militar un texto que le costó carísimo (fue detenido). El agregado decía así: “Causó sorpresa en la comunidad la detención del Capitán Luna, muchacho vivaracho e inquieto y buen padre de familia…” Puede parecer un acto revolucionario pero no lo era; simplemente se trataba de un gesto afectivo e inocente de alguien que, en el contexto de esos tiempos irracionales, se convirtió en una bomba de tiempo por nada. Tales “complicaciones” se presentaban a diario y hasta dejaron de molestar. Al día siguiente un grupo de militares se llevó al jefe de redacción ante la mirada del resto de los periodistas, quienes pensaron que no volvería a verlo jamás.

En la mira

Entre los militares que, fusil en mano, custodiaban el interior del diario y sus compañeros que directamente dormían en la radio, LA VERDAD se convirtió en algo así como un “Gran Hermano” militarizado en el que cada movimiento era observado y comunicado a un superior. No era que venían cada tanto o reaccionaban frente a la publicación de una noticia en particular, directamente vivían en el diario. Con casi cien años de historia, LA VERDAD pasó por muchas dictaduras. Sin embargo, sólo en esta se produjo un copamiento total y prolongado en el tiempo.

Justicia, instituciones que funcionen; lo último que necesitamos son tribunales populares o escraches.

Muchos de los que vivieron esa época ni fueron masacrados ni padecieron torturas; simplemente se transformaron en esclavos de un Estado que usó todo su poder.

Lo que queda claro es que no son victimarios. Como dijimos más arriba, ni son héroes dignos de imitar ni merecen un monumento. Igual que vos, que yo y que casi todas las personas que conocemos; gente común que no resistió aquel poder tremendo.

Hoy el Gobierno debería llamar a la mesura y gritar “basta”. Es mucho lo que está en juego y muy bajo lo que se puede caer. Ya pasó. Puede volver a pasar. Porque con o sin fusil, se puede llegar a sentir que se escribe con los ojos del todopoderoso gobierno pegados en la nuca.

Listado del clero cómplice

2 May

Capellanes militares y policiales.

– P. José Menestrina. Capellán Mayor.
– P. Astigueta. Capellán Fuerza Aérea Córdoba.
– P. Gallardo. Capellán III Cuerpo de Ejército Córdoba. (La Perla).
– P Julio Mackinon. Capellán Militar. Córdoba.
– P. Regueiro. Capellán Liceo Militar Gral. Paz. Córdoba.
– P. Ala. Salesiano.
– P. Felipe Perlanda López. Capellán Servicios Penitenciarios.
– P. Francisco Priorello. Capellán Campo de Mayo.
– P. Guadagnoli. Capellán 2° Cuerpo de Ejército.
– P. Astolfi. Capellán Militar.
– P. Biagoli. Capellán Fuerza Aérea.
– P. Armando Monzón. Capellán Ser. Cuerpo de Ejército.
– P. Félix Ignacio Olmedo. Capellán Policía Federal.
– P. Pedro Fernández. Capellán ESMA.
– P. Christian Von Wernich. Capellán Policía Pcia. de Buenos Aires.
– P. Alejandro Cacabello. Capellán Auxiliar Comando Sanidad del Ejército.
– P. Manuel Jorge Cabello. Secretario Canciller del Vicariato Castrense.
– P. Eugenio Segundo Zitelli. Capellán Jefatura Policía de Rosario.
– P. Ortiz.
– P. Dusso.
– Mons. Emilio Teodoro Graselli. Capellán Castrense y Secretario Privado de Mons. Tortolo y Mons. Medina.

Obispos Procesistas

– Mons. Victorio Bonamín. Vicario General del Ejército. Mons. Adolfo Tórtolo. Obispo de Paraná, Vicario de las FFAA y presidente de la CEA.
– Mons. Pio Laghi. Italiano. Nuncio Papal.
– Mons. José Miguel Medina. Vicario Mayor del Ejército. Mons..luan Carlos Aramburu. – Arzobispo de Buenos Aires. Cardenal y presidente de la CEA.
– Mons. Antonio Plaza. Obispo de La Plata.
– Mons. Ildefonso Sansierra. Obispo de San Juan.
– Mons. Rómulo Garúa. Obispo de Mar del Plata.
– Mons. Octavio N. Derisi. Rector de la UCA y Obispo Auxiliar de La Plata.
– Mons. Guillermo Bolatti. Obispo de Rosario.
– Mons. Antonio Quarracino. Obispo de Avellaneda. Presidente del CELAM. Actual Cardenal, Arzobispo de Buenos Aires y Presidente de la CEA.
– Mons. Carlos Mariano Pérez. Obispo de Salta.
– Mons. Raúl Primatesta. Obispo de Córdoba.
-Cardenal. Mons. Rubén Di Monte. Obispo Auxiliar de Avellaneda.
– Mons. Jorge Meyer, Obispo de Bahía Blanca.
– Mons. Emilio Ogñenovich. Obispo de Mercedes.
– Mons. Horacio A. Bozzoli. Obispo Auxiliar de Buenos Aires y luego Obispo de Tucumán.
– Mons. Pedro A. Torres Farsas. Obispo de Catamarca.
– Mons. Jorge Manuel López. Obispo de Corrientes y luego de Rosario.
– Mons. Elso Desiderio Collino. Obispo de Lomas de Zamora.
– Mons. Manuel Guirao. Obispo de Orán, luego de Santiago del Estero.
– Mons. Italo Di Stéfano. Obispo de Roque Sáenz Peña y luego, Obispo de San Juan.
– Mons. Jorge Carlos Carreras. Obispo de San Justo.
– Mons. Juan Rodolfo Laise. Obispo de San Luis.
– Mons. Adolfo R. Arana. Obispo de Santa Rosa.

Omisiones e Intenciones (por Horacio Verbitsky)

15 Abr

El memo sobre la reunión del 15 de noviembre de 1976 de Primatesta, Juan Carlos Aramburu y Zazpe con la Junta Militar se reproduce en su versión original, tal como está archivado en la sede episcopal de la calle Suipacha (“Reunión de la Junta Militar con la Comisión Ejecutiva de la CEA, 15.IX.1976”. Comisión Ejecutiva de la CEA. Caja 24, Carpeta II. Documento 10.937). También se puede leer la transcripción de Bergoglio treinta años después en un libro que prologó con la frase “no debemos tener miedo a la verdad de los documentos”. Puede verse así que suprimió el concepto central expresado en la introducción, de “aclarar la posición de la Iglesia”, para dejar en claro que “de ninguna manera pretendemos plantear una posición de crítica a la acción de gobierno” dado que “un fracaso llevaría, con mucha probabilidad, al marxismo”, por lo cual “acompañamos al actual proceso de re-organización del país”. En forma explícita menciona la “adhesión y aceptación” episcopal. 

El cotejo permite advertir el cambio en la numeración de la minuta, en cuya edición oficial se omitió que incluso a solas los tres miembros de la Comisión Ejecutiva Episcopal atribuyeron la represión sin ley a niveles intermedios, mientras destacaban “los notables esfuerzos del gobierno en pro del país” y la “imagen buena de las supremas autoridades”. Para no verse obligados a “un silencio comprometedor de nuestras conciencias que, sin embargo, tampoco le serviría al proceso” o “un enfrentamiento que sinceramente no deseamos” la Iglesia propuso abrir “un canal de comunicación” con la Junta Militar. Esa prueba de promiscuidad con la dictadura, que en el original está encabezada por el título “Lo que tememos”, fue suprimida en la recopilación de Bergoglio. Al año siguiente, el obispo Oscar Justo Laguna, reconoció la “total ineficacia” de esa Comisión de Enlace que integraba, en una nota manuscrita a Zazpe. Sin embargo, las amables reuniones mensuales continuaron durante todo el régimen militar. Al comentar esa carta, en 2002, otro miembro de la Comisión, Carlos Galán, le escribió a Laguna: “¡Quién nos diera poder vivir de nuevo con la experiencia adquirida”. Fantasía vana. Sólo se vive una vez.

No sabe, no contesta (por Horacio Verbitsky)

15 Abr

Ocultando la verdad

Bergoglio sostiene en su libro que en la Iglesia “se fue conociendo de a poco todo lo que estaba pasando. Al principio se sabía poco y nada”. Vale la pena cotejar esta afirmación con los documentos del Episcopado que aún se mantienen en secreto y con los del gobierno de los Estados Unidos que fueron desclasificados a pedido de los organismos defensores de los derechos humanos.

El 10 de mayo de 1976, se reunió la Asamblea Plenaria del Episcopado. Cada obispo informó sobre lo que ocurrió en su diócesis, de modo que todos tuvieron un panorama nacional preciso, apenas seis semanas después del golpe. El cardenal Raúl Primatesta dijo que en Córdoba se producían despidos arbitrarios y miles de suspensiones en las fábricas, proseguían los secuestros ejecutados por grupos parapoliciales y se desconocía la ubicación de algunos de los muchos presos. También se allanaban parroquias y había un sacerdote detenido. El arzobispo de Santa Fe, Vicente Zazpe, habló de corrupción, torturas policiales y muchísimos presos. El de Neuquén, Jaime de Nevares, contó que el Ejército detenía, torturaba y remitía a cárceles lejanas a personas contra las que no se formulaban cargos, cuyas viviendas saqueaba y destruía. Otras personas estaban desaparecidas, dijo. El obispo de Viedma, Miguel Hesayne, dijo que la Iglesia debía apoyar a los familiares de las personas detenidas-desaparecidas. Lamentó que el Episcopado estuviera dividido y los militares pudieran valerse de unos obispos en contra de otros. Para Hesayne, debía condenarse la tortura, como ofensa a la dignidad humana. Los obispos de Formosa, Posadas y Reconquista, Pacífico Scozzina, Jorge Kémerer y Juan José Iriarte, contaron que también en el otro extremo del país fueron detenidos muchos campesinos sin participación en hechos de violencia y algunos sacerdotes y laicos consagrados, que padecieron maltratos y robos durante los allanamientos. El obispo de La Rioja, Enrique Angelelli, contó que el jefe de la base áerea de El Chamical había interrumpido su homilía durante la misa, una casa parroquial había sido clausurada, varios sacerdotes y religiosas, dos seminaristas e incluso el vicario general de la diócesis fueron detenidos. El propio obispo fue revisado como un reo en un santuario popular.

Según el obispo Carlos Ponce de León en San Nicolás se vivía un clima de terror. Cuando intercedió por varias personas de-saparecidas, el jefe del área de seguridad local, coronel Manuel Saint Amant, le respondió con desdén:

–Voy a hacer desaparecer a todos los que están con usted, y a usted todavía no puedo porque es obispo.

Luego de esas intervenciones y de otras similares de los obispos Antonio Aguirre (San Isidro), Antonio Quarracino (Avellaneda), Jorge Manuel López (Corrientes) y Miguel Raspanti (Morón), la conferencia debatió qué hacer: 19 obispos querían difundir lo que pasaba en el país, pero 38 se opusieron. Por eso, el documento que emitieron, “País y Bien Común”, pidió comprensión hacia el gobierno militar y dijo que era equivocado pretender que los organismos de seguridad actuaran “con pureza química de tiempo de paz, mientras corre sangre cada día”. También consideraba aceptable el sacrificio de “aquella cuota de libertad que la coyuntura pide”. En cambio condenó como pecado “el asesinar, con secuestro previo o sin él, cualquiera sea el bando del asesinado”. Postuló así una improbable equivalencia. El nuncio Pio Laghi recibía información de los diplomáticos occidentales acreditados en Buenos Aires. Cada quince días, funcionarios de 32 países intercambiaban información. El 19 de mayo se confesaron su preocupación: “Si saliera a luz el tratamiento que dan a los prisioneros las autoridades que efectúan los arrestos, la imagen del gobierno argentino sería tan mala como la del chileno, y sólo será cuestión de tiempo que esto ocurra”. Dos años y medio después, el 22 de diciembre de 1978, el secretario de la nunciatura, Kevin Mullen comunicó a funcionarios de la embajada estadounidense que “un oficial de la más alta jerarquía del Ejército había informado a Laghi que durante su campaña antisubversiva las Fuerzas Armadas se habían visto obligadas a ‘encargarse’ de 15.000 personas”.

Operación cónclave (por Horacio Verbitsky)

13 Abr

Mientras en Alemania se vela “el papado fallido de Benedicto XVI”, Bergoglio intenta lavar su imagen en espera de un eventual nuevo cónclave. Las partes más significativas de su libro y los documentos que contradicen esa versión angelical. El rechazo de Emilio Mignone a los pastores que entregaron a sus ovejas y la mutilación de documentos para ocultar el apoyo episcopal a la dictadura.

Cuando la publicación más importante de Alemania, Der Spiegel, se refiere al “papado fallido” de su compatriota Joseph Ratzinger (el mismo término que la Inteligencia estadounidense aplica a los estados con vacío de poder en los que justifica su intervención), el primado de la Argentina y arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, emprende una operación de lavado de imagen con la publicación de un libro autobiográfico. El ostensible propósito de “El Jesuita”, como se titula, es defender su desempeño como provincial de la Compañía de Jesús entre 1973 y 1979, manchado por las denuncias de los sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jalics de que los entregó a los militares. Ambos estuvieron secuestrados cinco meses a partir de mayo de 1976. En cambio nunca reaparecieron las cuatro catequistas y dos de sus esposos secuestrados dentro del mismo operativo. Entre ellos estaban Mónica Candelaria Mignone, hija del fundador del CELS, Emilio Mignone, y María Marta Vázquez Ocampo, de la presidente de Madres de Plaza de Mayo, Martha Ocampo de Vázquez. Ratzinger tiene 83 años y según Der Spiegel demasiadas voces piden su renuncia. El sacerdote Paolo Farinella escribió en la prestigiosa revista italiana de filosofía MicroMega, cuyo director Paolo Flores D’Arcais ha participado en debates públicos sobre filosofía con el papa, que Benedicto XVI debería pedir perdón a los creyentes afectados por la estrictez del celibato, por las condiciones en los seminarios y por los miles de casos de abusos de niños y decirles: “Me retiraré a un monasterio y pasaré el resto de mis días haciendo penitencia por mi fracaso como sacerdote y como papa”. Nadie se sorprendería si después de beber una tisana nocturna fallara el corazón de un hombre entristecido y angustiado por las injustas críticas que alcanzan su desempeño como obispo de Baviera y no perdonan ni a su amado hermano Georg. La revista alemana menciona el antecedente de Celestino V, un papa del siglo XIII que renunció porque no se sintió capaz de cumplir con sus funciones. Por si algo de eso ocurre, Bergoglio necesita una foja de servicios pulida. Ante una pregunta acerca del papa ideal, el presidente de la Asociación Alemana de Juventudes Católicas, Dirk Tänzler, dijo a Der Spiegel que preferiría que haya trabajado en una parte pobre de Sudamérica o en otra región golpeada por la pobreza, ya que tendría una visión distinta del mundo. La compasión por la pobreza, compartida con la Sociedad Rural y la Asociación Empresaria AEA, es el nicho de oportunidad elegido por el Episcopado bajo la conducción de Bergoglio.

El Silencio

Es el cardenal quien vincula su descargo con la elección papal. Su libro narra que cuando la vida de Juan Pablo II se apagaba y el nombre de Bergoglio figuraba en los pronósticos de los periodistas especializados “volvía a agitarse una denuncia periodística publicada unos pocos años atrás en Buenos Aires” y que “en las vísperas del cónclave que debía elegir al sucesor del papa polaco, una copia de un artículo con la acusación, de una serie del mismo autor, fue enviada a las direcciones de correo electrónico de los cardenales electores con el propósito de perjudicar las chances que se le otorgaban al purpurado argentino”. Bergoglio dice en su libro que nunca respondió la acusación “para no hacerle el juego a nadie, no porque tuviese algo que ocultar”. No explica qué cambió ahora.

Pastores y lobos

En realidad la primera versión del episodio no se debe a ningún periodista sino a Emilio Mignone. En su libro Iglesia y dictadura, editado en 1986, cuando Bergoglio no era conocido fuera del mundo eclesiástico, Mignone ejemplificó con su caso “la siniestra complicidad” con los militares, que “se encargaron de cumplir la tarea sucia de limpiar el patio interior de la Iglesia, con la aquiescencia de los prelados”. Según el fundador del Centro de Estudios Legales y Sociales, durante una reunión con la Junta Militar en 1976 el entonces presidente de la Conferencia Episcopal y vicario castrense, Adolfo Servando Tortolo, acordó que antes de detener a un sacerdote las Fuerzas Armadas avisarían al obispo respectivo. Agrega Mignone que “en algunas ocasiones la luz verde fue dada por los mismos obispos. El 23 de mayo de 1976 la Infantería de Marina detuvo en el barrio del Bajo Flores al presbítero Orlando Yorio y lo mantuvo durante cinco meses en calidad de desaparecido. Una semana antes de la detención, el arzobispo [Juan Carlos] Aramburu le había retirado las licencias ministeriales, sin motivo ni explicación. Por distintas expresiones escuchadas por Yorio en su cautividad, resulta claro que la Armada interpretó tal decisión y, posiblemente, algunas manifestaciones críticas de su provincial jesuita, Jorge Bergoglio, como una autorización para proceder contra él. Sin duda, los militares habían advertido a ambos acerca de su supuesta peligrosidad”. Mignone se pregunta “qué dirá la historia de estos pastores que entregaron sus ovejas al enemigo sin defenderlas ni rescatarlas”.

La llaga abierta

Publiqué la historia en esta misma columna, el 25 de abril de 1999. Además de la opinión de Mignone, la nota incluyó la de quien fue su colaboradora en el CELS, la abogada Alicia Oliveira, quien dijo lo que ahora repite en el libro: que su amigo Bergoglio, preocupado por la inminencia del golpe, temía por la suerte de los sacerdotes del asentamiento y les pidió que salieran de allí. Cuando los secuestraron, trató de localizarlos y procurar su libertad, así como ayudó a otros perseguidos. A raíz de aquella nota, Orlando Yorio se comunicó conmigo desde el Uruguay, donde vivía. Por teléfono y correo electrónico refutó las afirmaciones de Bergoglio y Oliveira. “Bergoglio no nos avisó del peligro en ciernes” y “tampoco tengo ningún motivo para pensar que hizo algo por nuestra libertad, sino todo lo contrario”, dijo. Los dos sacerdotes “fueron liberados por las gestiones de Emilio Mignone y la intercesión del Vaticano y no por la actuación de Bergoglio, que fue quien los entregó”, agregó Angélica Sosa de Mignone, Chela, la esposa durante medio siglo del fundador del CELS. Sus testimonios se incluyeron en la nota “La llaga abierta”, que se publicó el 9 de mayo de 1999. También se transmitieron allí las posiciones de Bergoglio y del otro cura secuestrado aquel día, Francisco Jalics.

Cuestion de Estilo

En su libro, Bergoglio dice ahora que Yorio y Jalics “estaban pergeñando una congregación religiosa, y le entregaron el primer borrador de las reglas a los monseñores Pironio, Zazpe y Serra. Conservo la copia que me dieron”. Bergoglio también me entregó una copia a mí. Expresa el tipo de dudas y conflictos que fueron comunes en un alto número de sacerdotes a partir del Concilio Vaticano II, con “la crisis de las congregaciones religiosas, los signos de los tiempos modernos, la coincidencia con el sentir de la búsqueda de los jóvenes y la confirmación espiritual que sentimos en nuestro actual modo de vivir”. El problema en este caso era cómo compatibilizar “el estilo ignaciano de la vida religiosa” con “la vida moderna [que] pedía un estilo nuevo”. La minuta agrega que las Congregaciones Apostólicas están organizadas de modo que sus superiores “parecen preocuparse más por las obras que por la atención espiritual de sus súbditos”. En cambio ellos idealizan el modelo de las fundaciones monásticas y plantean que “la comunidad se una en torno de una búsqueda espiritual y de un proyecto de vida y no en torno de obras”. Esto plantea una “incompatibilidad personal” a los sacerdotes subordinados a la disciplina de su congregación.

En su carta al padre Moura, Yorio menciona esa minuta como respuesta a la presión de Bergoglio para que disolvieran la comunidad en el Bajo Flores. Agrega que a Pironio, Zazpe y Serra les dejaron “un esbozo de estructuración de vida religiosa en caso de que no pudiéramos seguir en la Compañía y fuese posible realizarla fuera”, lo cual no implica que quisieran salir de ella. En un viaje posterior a la Argentina, Pironio le dijo que no había consultado el tema en Roma porque Bergoglio “lo había ido a ver para decirle que el padre general era contrario a nosotros”. Zazpe respondió que “el provincial andaba diciendo que nos echaba de la Compañía” y Serra le comunicó que le retiraban las licencias en la Arquidiócesis, porque Bergoglio había comunicado “que yo salía de la Compañía”.

Según Bergoglio, el superior jesuita Pedro Arrupe dijo que debían elegir entre la comunidad en que vivían y la Compañía de Jesús. “Como ellos persistieron en su proyecto y se disolvió el grupo, pidieron la salida de la Compañía”. Agrega Bergoglio que la dimisión de Yorio fue aceptada el 19 de marzo de 1976. “Ante los rumores de inminencia del golpe les dije que tuvieran mucho cuidado. Recuerdo que les ofrecí, por si llegaba a ser conveniente para su seguridad, que vinieran a vivir a la casa provincial de la Compañía”, dice Bergoglio. Agrega que nunca creyó que estuvieran involucrados en actividades subversivas. “Pero por su relación con algunos curas de las villas de emergencia, quedaban demasiado expuestos a la paranoia de la caza de brujas. Como permanecieron en el barrio, Yorio y Jalics fueron secuestrados durante un rastrillaje.”

Papelitos

Bergoglio también niega haber aconsejado a los funcionarios de Culto de la Cancillería que rechazaran la solicitud de renovación de pasaporte de Jalics, que él mismo presentó. Según Bergoglio el funcionario que recibió el trámite le preguntó por “las circunstancias que precipitaron la salida de Jalics”. Dice que le respondió: “A él y a su compañero los acusaron de guerrilleros y no tenían nada que ver”. El cardenal agrega que “el autor de la denuncia en mi contra revisó el archivo de la Secretaría de Culto y lo único que mencionó fue que encontró un papelito de aquel funcionario en el que había escrito que yo le dije que fueron acusados de guerrilleros. Había consignado esa parte de la conversación pero no la otra en la que yo le señalaba que los sacerdotes no tenían nada que ver. Además el autor de la denuncia soslaya mi carta, donde yo ponía la cara por Jalics y hacía la petición”.

Nada fue así. En notas publicadas aquí y en mis libros El Silencio y Doble juego, narré la historia completa y publiqué todos los documentos, comenzando por la carta por cuya omisión Bergoglio reclama. Luego sigue la recomendación del funcionario de Culto que lo recibió, Anselmo Orcoyen: “En atención a los antecedentes del peticionante, esta Dirección Nacional es de opinión que no debe accederse”. El tercer documento es el definitorio. Ese papelito, firmado por Orcoyen, dice que Jalics tenía actividad disolvente en comunidades religiosas femeninas y conflictos de obediencia, que estuvo con Yorio en la ESMA (detenido, dice, en vez de secuestrado) “sospechoso contacto guerrilleros”. El punto más interesante es el siguiente, porque remite a intimidades de la Compañía de Jesús, vistas desde la óptica de Bergoglio, que no había ninguna necesidad de confiar al funcionario de la dictadura: “Vivían en pequeña comunidad que el Superior Jesuita disolvió en febrero de 1976 y se negaron a obedecer solicitando la salida de la Compañía el 19/3”. Agrega que Yorio fue expulsado de la Compañía y que “ningún obispo del Gran Buenos Aires lo quiso recibir”. La Nota Bene final es ilevantable: dice Orcoyen que estos datos le fueron suministrados “por el padre Jorge Mario Bergoglio, firmante de la nota con especial recomendación de que no se hiciera lugar a lo que solicita”.

“Una persona ávida de poder” (por Horacio Verbitsky)

12 Abr

Graciela y Rodolfo Yorio rechazan las afirmaciones de Bergoglio sobre su hermano Orlando e insisten en su responsabilidad en el secuestro que padeció en 1976 junto con Francisco Jalics. Con su ejemplar de El Jesuita marcado, Graciela afirma que no fueron correos electrónicos enviados a los cardenales en 2005 sino informes de otros jesuitas los que muchos años antes pusieron en conocimiento del Vaticano el comportamiento de Bergoglio.

–¿Cómo lo sabe?

–Cuando presentamos el libro de mi hermano Orlando, Tanteando pactos de amor, conocí a un jesuita amigo de Orlando y que después vino a comer a casa. Yo le pregunté si a él le parecía que un sacerdote con los antecedentes de Bergoglio podía llegar a papa. Me dijo que no me preocupara, que no iba a llegar porque en su dossier figura la historia de Francisco y Orlando.

–¿Cuándo ocurrió ese diálogo?

–Orlando murió en 2000. Al año siguiente hicimos la presentación del libro. ¿En qué año murió el papa?

–En 2005.

–Entonces fue cuatro años antes. No había cónclave ni nada.

–¿Se acuerda el nombre de ese jesuita?

–Juan Luis Moyano.

–Fue viceprovincial de la Compañía después de la dictadura.

–Eso no lo sé. En aquel momento estaba en alguna institución cultural.

Rodolfo Yorio recuerda que su hermano estaba preocupado por los supuestos informes que según le decía Bergoglio había en su contra, pero nunca le permitía verlos. Cuando lo secuestraron, Rodolfo y Graciela tuvieron varias entrevistas con Bergoglio en el Colegio Máximo de San Miguel, de las que no guardan buen recuerdo. Dice Rodolfo:

–En su libro, Bergoglio se presenta como un hombre joven que no podía hacer mucho porque no tenía contactos, pero a mí me consta lo contrario.

–¿Por qué?

–Me dijo que estaba esperando a personal de inteligencia del Ejército y que les haría la consulta sobre Orlando. Al salir, cuando calculé que Bergoglio ya no podía verme desde la ventana, en vez de seguir hacia la ruta me perdí entre los árboles del gran parque. A los 10 minutos llegó un Ford Falcon, del que bajaron tres hombres en uniforme de fajina. Cuando entraron, me fui lo más rápido que pude. Bergoglio tenía vinculaciones importantes.

Pero nunca les dio ninguna información. En uno de esos encuentros los hermanos Yorio le dijeron que cada vez que Orlando y Jalics vieron a un obispo para que los recibiera en su diócesis, les decían que habían recibido malos informes. Graciela recuerda:

–Me dijo que él había hecho informes favorables, hizo ademán de buscarlos para que los viéramos, pero no trajo nada. Otra vez me dijo algo que yo sentí como una amenaza.

–¿Qué fue?

–“Vos cuidate, porque a la hermana de Fulano que no tenía nada que ver la secuestraron y la torturaron”. Si era tan joven y no tenía contactos, ¿cómo pudo ver a Massera y Videla? Mi hermano estaba convencido de que Bergoglio los había entregado, y yo le creo.

Agrega Rodolfo:

–El no podía armar una fuerza de tareas para rescatarlos, no es eso lo que le reprochamos. Pero como responsable que aprobó cada paso que dieron debería haberlos protegido de los rumores, de las calumnias y de las injurias que culminaron con su detención ilegal. Si Bergoglio lo hubiera querido a Orlando se hubiera interesado por él cuando quedó en libertad. Lo único que hizo fue pagarle el viaje a Roma. Nunca hizo ningún contacto, ni telefónico ni epistolar. Tampoco se comunicó con la familia para decir que lamentaba su muerte. Nada.

–¿Por qué cree que no lo quería?

–Creo que le tenía envidia, por la capacidad de Orlando para ver el drama humano en forma directa.

–¿No habría alguna razón política? Orlando compartía puntos de vista de la JP y Bergoglio formaba parte o estaba muy próximo a Guardia de Hierro.

Rodolfo Yorio asiente:

–Sí, claro. En la época de las tres A yo le dije, “si entrás a la jaula del león disfrazado de churrasco, te van a comer. Tenés en contra a Guardia, a Norma Kennedy y a tu jefe, sos candidato a la boleta”. Una Unidad Básica de Norma Kennedy estaba cerca de la capilla de Orlando en la villa. Y los de Guardia le habían quitado su cátedra de Teología en el Salvador, sin explicación. Así se conformó una red de intrigas fundamentada en informes que nadie vio pero que al mencionarlos Bergoglio daban sustancia a los cargos. Orlando sabía que el provincial no lo quería. Bergoglio no mantenía la opción por los pobres y por eso cuestionaba el trabajo pastoral que ellos hacían en la villa.

Graciela está pensativa y retoma en un punto anterior:

–¿Si vio a Massera y Videla como dice, por qué no se lo comentó nunca a mi mamá, si fue varias veces a casa y estábamos tan desesperados como las familias a las que él dice haber ayudado?

Rodolfo agrega:

–Conozco gente que él ayudó. Eso habla de sus dos caras y de su cercanía con el poder militar. Maneja la ambigüedad con maestría. Si los mataban se los sacaba de encima, si se salvaban él los había salvado. Por eso hay gente que lo considera un santo y otros que le tienen terror.

Para Graciela, Bergoglio “trabajó a dos puntas, los alentó para que hicieran esa tarea en la villa y por otro los fue encerrando”.

Rodolfo: –Una característica de la orden es la obediencia. Cada cosa que hicieron fue con su autorización. Es un político, que ama el poder. Orlando era uno de los escollos para que Bergoglio llegara a donde quería llegar.

–¿En qué sentido?

–Tal vez pensó que Orlando podría ser el futuro provincial.

Gaciela acota que Orlando mencionaba a Bergoglio “como una persona ávida de poder”. Los dos hermanos recuerdan que la Compañía de Jesús le ofreció el reingreso a Orlando. La primera vez en Roma, la segunda poco antes de su muerte, cuando atendía una parroquia en el Uruguay.

–¿Y qué pasó?

Graciela:–Dijo que no tenía problemas siempre que se supiera la verdad de lo que había pasado, cuáles eran esos informes que mencionaba Bergoglio, de qué lo acusaban y quién.

Rodolfo: –Desde el derecho interno de ellos para pedirle que se aparte de la orden tiene que haber actos acusatorios, constancias administrativas. Orlando pidió conocerlos pero nunca lo logró.

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